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LOS TRES CERDITOS
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Érase
una vez tres cerditos que vivían en una granja con muchos otros animales:
gallinas, vacas, asnos, perros…La vida en la granja era muy tranquila pero los
cerditos siempre se quejaban del constante ruido que hacían sus amigos. Cada
mañana, muy temprano, el gallo anunciaba con su “quiquiriquí” que había
amanecido y rápidamente las gallinas empezaban a charlotear entre ellas muy
alborotadas; por la tarde mientras los cerditos intentaban dormir la siesta, el
mugido de las vacas y el rebuzno de los asnos los despertaban, y por la noche
los perros los sobresaltaban con sus ladridos, pues eran los encargados de
avisar si algún intruso se acercaba a la granja.
Así
que un día, muy temprano, se reunieron los tres.
- Estoy harto de esas gallinas tan
habladoras, no hay manera de hacerlas callar un minuto- dijo el cerdito
pequeño.
- Pues aún es peor por la noche-
Añadió el cerdito mediano- No entiendo por qué los perros tienen que ladrar
cada vez que ven algo que se mueve. A veces sólo es el viento.
- Eso nos pasa por tener que compartir
nuestra casa- dijo el cerdito mayor- si viviéramos solos podríamos dormir
cuanto quisiéramos. ¿Qué os parece si nos marchamos de aquí y buscamos un lugar
para nosotros?
Los otros dos cerditos
estuvieron de acuerdo, así que sin pensarlo más se despidieron de sus
compañeros, recogieron todas sus cosas y echaron a andar por un camino que
estaba cerca de allí.
Alrededor de las doce
del mediodía los cerditos llegaron a un valle.
- Mirad que sitio tan bonito- dijo el
cerdito pequeño- parece muy tranquilo.
- Y pasa un riachuelo- dijo el
cerdito mediano.
- Aquí es donde podemos quedarnos a
vivir. Pero tendremos que empezar ahora mismo a construir una casa- propuso el
mayor de los cerditos- ¿Qué os parece al lado de aquel árbol tan grande?
Aunque los cerditos casi
siempre estaban de acuerdo con su hermano mayor esta vez no fue así. El cerdito
pequeño quería construir su casa en medio del valle aprovechando unas ramas y
cañas que habían encontrado, el cerdito mediano prefería estar al lado del río
y decidió que su casa sería de madera, y el cedito mayor, que era el más
trabajador, pensó que una casa de ladrillo sería más segura.
Las tres casitas
quedaron muy bonitas y esa noche cada cerdito durmió muy tranquilo bajo su
techo.
Un día acertó a pasar
por allí un lobo.
- Vaya, vaya- dijo el lobo- me parece
que estoy oliendo a cerdito. Seguro que viven en estas casitas: voy a intentar
atrapar uno para desayunar.
Primero llamó a la
puerta de la casa de las ramas y cañas pero como el cerdito pequeño lo había
visto no le abrió.
El lobo decidió que si
soplaba con fuerza podría derribarla fácilmente y así lo hizo. Cual no sería lo
sorpresa del pobre cerdito cuando vio que toda su casa salía volando en
pedazos, pero no se paro a pensarlo y salió corriendo hacia la casa de su hermano
mediano.
-Que miedo he pasado,
el lobo ha destruido mi casa de un soplido, espero que aquí estemos seguros.
El lobo que estaba muy
enfadado porque no había podido conseguir su comida, empezó a soplar con mucha
más fuerza ante la casa de madera.
Soplo y soplo y aunque
le resultó más difícil, al cabo de un rato también las tablas de madera de la
casa del cerdito mediano se vinieron abajo.
-Que suerte- dijo el
lobo- ahora tendré dos cerditos en vez de uno.
Sin embargo, los
cerditos lograron escaparse y se cobijaron en casa de su hermano mayor.
-Estamos perdidos le
dijeron los dos cerditos a su hermano- el lobo ha derribado de un soplido
nuestras casas y ahora también acabará con ésta.
- No lo creo- dijo el
cerdito mayor muy tranquilo- he construido esta casa con ladrillos y he tardado
mucho en hacerla. El lobo no podrá con ella.
Efectivamente el lobo
sopló y sopló pero no puedo echar abajo la casa de piedra. Entonces,
terriblemente hambriento y enojado, se dijo:
- Esta casa no es como las otras y no
puedo derribarla. Así que tendré que ingeniármelas de otra manera.
El lobo rodeó la casa
buscando algún modo de entrar, subió al tejado y allí se le ocurrió la idea de
que podía dejarse caer por la chimenea y aparecer en el comedor de los tres
cerditos. Muy despacito, procurando no hacer ruido, empezó a deslizarse
chimenea abajo y, ¿qué encontró cuando llegó al final?
Los tres cerditos, que
eran muy listos y lo habían oído subir al tejado, tenían preparado un fuego y
habían puesto un enorme caldero con agua hirviendo, en el que cayó el malvado
lobo muriendo en el acto.
Muy contentos, los
cerditos se abrazaron y tanto el mediano como el pequeño felicitaron a su
hermano mayor por haberse esforzado más que ellos en construir un hogar seguro.
Como habían aprendido la lección, el cerdito mayor enseñó a sus hermanos a
hacer una casa igual que la suya. Ahora, los tres cerditos viven en tres casas
iguales de piedra.
Y si algún lobo intenta
atraparlos…sale siempre con la cola quemada.
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